viernes, 16 de julio de 2010

El que no arriesga no gana


No le gustaba pensar en eso,pero sabía que en algún momento de su vida debía hacerlo: Una mañana en un café,una noche de insomnio,un mediodia en Retiro con dos o tres libros en la mano.
Mientras esperaba el tren y escuchaba el alboroto de gente -gente que va,que viene,gente tranquila,gente que compra y gente que vende- su mente comenzó a cuestionarla acerca de su destino: ¿Sabía que haría de su vida? ¿por qué no tenia vida social? ¿La vida estaba en los libros?¿Y la parte práctica?

Gea trataba de callar su mente,trataba de concentrarse en los ruidos de su exterior,pero no podía. Sabía que esa vida que había elegido no era la correcta,pero no tenia el suficiente valor como para cambiarla,después de todo,siempre volvería a ser la chica de los libros en la mano,el gorro de lana tejido y los anteojos un frío mediodía en Retiro.

El tren llegó y Gea trató de apurarse para alcanzarlo,sintió los dedos de los pies y las manos entumecidos,pero no le importaba.
Se sentó y mirando por la ventana se dió cuenta que la vida no era un cuento de carrouseles y globos aerostáticos de colores vagando por un cielo azul. Su vida era siempre la misma monotonía,una larga novela gris.
A su lado se sentó un anciano,temblaba por el frío y por su vejez. Miró a la joven y le dijo: -Disculpeme señorita.

-¿Si?- Contestó la muchacha
-¿Usted sabe que camino tomar? -dijo el anciano- Veo en sus ojos una gran tristeza,le recomiendo que siga a su corazón,no se asuste de lo que pueda pasar,o se arrepentirá toda su vida,sino,mireme a mí ¿Qué hace un hombre tan viejo dando consejos en un tren?. Recuerde que el que no arriesga,no gana.
Gea lo miró,sorprendida,pero sonrió,pues ese hombre tenía razón.



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Durante algunos mediodias nadie vió a la chica con los libros en la mano,el gorro y los anteojos en Retiro,nadie la vió esperar el tren,nadie la vió subir.
Pero ese anciano vió,en lo profundo de su corazón,que aquella muchacha estaba en Europa,y luego estaría recorriendo todo el mundo,vió que había abandonado los libros y se había dedicado a la fotografía,la vió cumplir su sueño. Y un mediodía,en Retiro,un anciano sonreía entre toda la gente cuya vida era una larga novela gris.

1 comentario:

nicovi dijo...

Es importante eso de seguir al corazón. Por otro lado, yo creo que las grandes sabidurias son las cotidianas. El ser sapientísimo es el que sabe compartir de las minimidades de la vida en todo su esplendor.

Cada persona son mil libros abiertos!

Creo mucho en eso,y en aprender de la gente, y de la gente mayor sobre todo!!

Saludos

Nicovi