jueves, 21 de octubre de 2010

La liberación.

Miró el reloj una vez más para asegurarse de que su percepción no lo había engañado. No, había visto bien. Eran las cuatro y diecinueve según los rojos palitos que dibujaban números.
Dos pequeños haces de luz entraban por las rendijas de la persiana e iluminaban caminos que llevaban a ningún lado en la oscuridad de la habitación.
Él ya estaba acostumbrado a esa situación, sabía que pronto comenzaría a sentir un gran malestar en el estómago, algo parecido a una roca, dificil de describir.
Sus manos comenzaron a temblar y sentía su cuerpo frío, de pronto una punzada en el abdomen lo hizo doblarse del dolor y cayó de la cama,donde antes, inútilmente, había tratado de conciliar el sueño. Permaneció en posición fetal sobre el parquet algunos minutos antes de poder levantarse y correr hacia el baño. Sus pasos resonaron en toda la casa,callada por el silencio nocturno. Empujó la puerta y encendió la luz. Llegó al inodoro y se sostuvo de la pared, luego se abrazó a la taza de porcelana y respiró una última vez antes del momento que había esperado: La liberación.
Nuevos colores se mezclaban en el agua, él respiró hondo nuevamente y se incorporó. Los azulejos celestes comenzaron a girar a su alrededor, pero eso ya era conocido por nuestro protagonista, quien se apoyó la pared y limpió su boca.
Minutos después había vuelto a la cama, invadido por el calor levantó la persiana y se recostó bajo la ventana. Podía mirar el negro cielo desde su posición, y así permaneció, largo rato antes de que sus pensamientos lo traicionaran otra vez: La pudo ver, ella se acercaba y le decía algo que él no podía entender antes de recostarse a su lado. Luego se levantaba y caminaba por un campo, hasta que caía de rodillas en el pasto seco y amarillo, con su blanco vestido floreado manchado de rojo en su abdomen y cerraba los ojos, para siempre. Él corría y arrojaba el puñal al río, podía notar su respiración agitada, su boca seca y sus piernas moviéndose rapidamente, mientras algunas ramitas se quebraban bajo sus pies con ruidos que lo volvían loco.
Y luego volvía a ver el techo, y el cielo. Su corazón latía rápido y su respiración se entrecortaba, sentía una roca en el estómago, y una punzada...
Ya llevaba varías noches sin dormir, sus ojos estaban rojos y siempre abiertos. Hacía dos días y medio que no salía de su departamento. Su cara era irreconocible, dos bolsas descansaban bajo sus ojos y su rubia barba cubría mitad de su rostro. Ya no era el mismo.
Al igual que cuando su estómago le dolía y vomitaba, necesitaba liberarse, vomitar, huir de ese dolor que le carcomía el alma y la mente.
Miró la soga marrón mientras fumaba un cigarrillo, lo único que lo preocupaba era que el material le causara picazón, o que la viga no aguantara su poco peso (no era más que piel y hueso). Retorció la colilla del cigarro sobre un plateado cenicero y se subió a la silla. Se puso su collar y empujó su única salvación. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su rostro se puso colorado, se agitó y pateó hasta que su respiración cesó.
Ahora se veía, ahora la veía. Ella se había ido tan hermosa, sus verdes ojos cerrados y su piel blanca como siempre. Ella se había ido luciendo pura, con solo un tajo en su abdomen, una estúpida mancha en su vestido. En cambio, él estaba flotando en el viento, con una expresión demoníaca en su rostro, con sus músculos contraidos, sus ojos abiertos y su pantalón sucio de los restos de su interior. Él lucía contaminado, porque así lo había estado, y así lo estaría para siempre, a pesar de que había creido encontrar su perfecta liberación.

1 comentario:

flightlessbird ♥ dijo...

Agus, me puso re mal este texto ._.! Es como re triste bluda... ¿Qué sentiste cuando escribiste esto?. Espero que estés bien, sino te agarro el lunes en el colegio y te doy un porrito :) JAJAJA. Mucha suerte nena, te quierou :B, te voy a seguir, seguime(? quedó re flogger :/.