domingo, 30 de enero de 2011

Ballestrinque


Dejó las cartas sobre la mesa, y el cigarrillo casi terminado en el cenicero. Se levantó de la silla aferrandose de la mesa y se dirigió hacia el balcón que daba al jardín delantero. Observó el cielo, gris emplomado (Amenazante-pensó.) y el río agitado que maltrataba al muelle y a la pequeña embarcación de madera, que se sujetaba con dos fuertes sogas, pero que, debido al próximo temporal semejaban hilos.
Sabía que la tormenta era cercana, pero no le preocupaba, había vivido muchas y estaba acostumbrado. Por eso volvió al interior de la casa y siguió jugando al solitario, luego de prepararse un whisky.
Al rato sintió un malestar en su pecho, estaba nervioso, presentía algo malo, y casi como en trance se dirigió a la biblioteca y buscó un cuaderno, cuyas hojas estaban amarillas y su tapa en un estado deplorable. Pasó hojas y hojas de escrituras y fotografías antiguas, hasta llegar a una página que rezaba: "A mi nieto". El hombre leyó lo que parecía una carta: "Sé que casi nunca me recuerdas, y si lo hacés, recuerdas todo lo que hemos vivido cuando apenas eras un niño. No sé cuantos años tendrás ahora: treinta, cuarenta, sesenta.No importa, como tampoco importa el hecho de que yo esté muerto, pero si la forma: Estoy seguro de que muchas veces, cuando eras más joven, te preguntaste acerca de mi muerte, y que tu padre -pobre de él- te ha respondido como no queriendo hablar del tema y te ha dicho que morí en el río una noche de tormenta. Él tiene razón, seguramente fue así. Pero la verdad es que mañana por la noche es mi hora.
Hay una leyenda (yo sé que no es leyenda sino que es cierta) acerca de una especie de ninfa del río, que vive bajo el fango y que emerge ciertos días al año para llevarse consigo pequeñas embarcaciones. ¿Por qué lo hace? Porque en su vida vivió mendigando en los puertos y maltratada por los marineros. Fue ahogada por un marinero que quiso poseerla. Ahora ella regresa embraveciendo al río y arrastrando balsas y embarcaciones.
Te cuento esto para que tomes las precauciones necesarias, alejate de la casa lo antes posible, vende el bote y no te acerques jamás al río. Esto lo sé porque yo la mate y la he visto no solo en sueños -pesadillas - sino tambien saliendo del río y volcando embarcaciones, quitandole la vida a la gente, y mientras lo hacía me miraba, me clavaba sus ojos rojos en el pecho. Y mañana, mañana se cumplen cuarenta años de esto. A pesar de vivir todos estos tormentos jamás vendí la casa ni el bote, no me preguntes porque, pues no lo sé. Ahora te pido que te alejes lo antes posible, te pido perdón por entrometerte de esta manera. 23/ 07/ 1954"
El corazón del hombre, que ya tenia algo más de sesenta años, comenzó a latir de manera rápida, golpeando su pecho. Gotas de sudor recorrían todo su cuerpo. Dejó el cuaderno sobre la mesa, al lado de los cigarrillos y las cartas, tomó su sobretodo y fue corriendo hacia el muelle cubriendosé la cabeza, pues la tormenta había empezado y el agua caía de manera extraordinaria.
Desató los nudos que sujetaban al bote y se subió, a pesar que sabía que no debía navegar en esas condiciones.
Remó contra corriente hasta que una mujer salió del agua, lo miró con dos enormes ojos rojos, le sonrió y dió vuelta el bote.

3 comentarios:

Jr. dijo...

Por un momento hiciste que me acordara de mi abuelo, le encantaba navegar y fumaba mucho.

Atenea dijo...

También me acordé de mi abuelo. Creo que hubiera hecho lo mismo.
Me encanta como vos y todo lo que escribís. Te quiero montones hasta las estrellas. Seguí así peroncha (:

Nico dijo...

Muy buen relato.

Abrazo grande.