sábado, 7 de mayo de 2011

Reencuentro

Miró la nieve a su alrededor y volvió a pensar si realmente valía la pena. La medianoche ya se había establecido, la luna estaba llena y parecía estar más cerca que nunca. El frío le carcomía los huesos y estaba temblando, a pesar de los guantes, de la bufanda, del chaleco. Se repitió a sí mismo que valía la pena y comenzó a desvestirse..
La gente se pierde en sí misma, se pierde en los otros, se pierde en la rutina. Mucha gente no se conoce y duda cuando le preguntan quién es (porque uno no es solo su nombre, un número de documento, un café a la mañana, un día en la oficina, dos o tres hijos...) Cuando le preguntan porque piensa lo que piensa y no otra cosa, si se deja llevar por la razón o por los sentimientos. La gente se pierde, se olvida de si misma (o piensa demasiado en ella misma, perdiéndose igual). Se pierden en cosas materiales, en obligaciones, en responsabilidades. Se olvidan de su esencia, de lo que realmente son, lo que quisieron ser ( y tal vez no pudieron).
Cuando pueden encontrarse con ellos mismos, se sorprenden y asustan de lo poco que son, de lo poco que se conocen, de todos los sueños que fueron dejando atras, de las veces que se traicionaron a sí mismos. Y por eso piden volver a la rutina, a los problemas, al estrés cotidiano, porque así mantienen su mente ocupada, y atribuyen su dolor interno a otra cosa, no a la propia desilusión. Así van dejando de sentir, de pensar, la mediocridad les va ganando.
Él quería reencontrarse consigo mismo, por eso, a pesar del frío, de la noche esperándolo, se desvistió hasta quedar completamente desnudo y se enterró en la nieve, hasta sentirla en su cuello. A pesar del entumecimiento, de la probable hipotermia río, y río a carcajadas, como nunca, porque se había encontrado con su esencia, y se prometió no enterrarla en el olvido nunca más.

2 comentarios:

Francisco Sola dijo...

como siempre, no lo entiendo.

Saludos ABC Belen

Jorgue Daniel dijo...

Muy buen texto para reflexionar. A veces quisiera escribir mas seguido pero no puedo, me pasa algo parecido al personaje de tu cuento, el laburo de oficina me mantiene ocupado y alejado de mi mismo. Por suerte siempre hay gente que te hace bajar a la realidad. Saludos