jueves, 23 de junio de 2011

Tan predecible, tan conocido. Sabía lo que iba a pasar a continuación como si lo hubiera leido en un manual pocos segundos antes: Le diría que se siente, pero ella preferiría estar parada porque su espíritu no le permitía quedarse quieta; pronunciaría cada palabra de forma rápida para no causar tanto impacto pero a la vez podría escucharse a sí mismo como dentro de una burbuja, hablando lentamente, y podría ver los ojos de ella, que quizá se llenarían de lágrimas, o lo mirarían, inexpresivos, tratando de escuchar la conclusión final. Cuando todo estuviese dicho, ella rompería en llanto, rechazaría sus abrazos, estrellaría un par de platos contra el suelo, o simplemente se daría media vuelta y se iría.
Era una rutina, era algo inevitable, una situación dificil de afrontar que lo incomodaba a pesar de la costumbre, a pesar de saberse de memoria las palabras, los gestos que seguirían, las consecuencias de sus palabras dichas tan friamente.
Entró a la habitación y le pidió que se sentara, ella permaneció callada durante algunos minutos, y luego de la conclusión final, le besó la frente y le susurró al oido:- Si yo no hubiera sabido que iba a pasar esto, no te hubiera elegido. Luego se alejó tarareando alguna melodía.
Y él se quedó callado entre tanto grito mental, pensando que lo predecible es lo menos probable que puede pasar.

1 comentario:

Jr. dijo...

Me gustó, en especial la conclusión, me hizo pensar un poco.