martes, 21 de febrero de 2012

Y las uñas le cortaban la palma de la mano.

- Si vas a hablar, abrí la mano- repetía el hombre de la picana.

Y el puño, cerrado. El joven podía sentir como se había cortado con sus propias uñas, como la sangre le brotaba desde la palma, el dolor era inmenso y la sed le consumía el alma, pero no abría la mano.

La tortura continuó hasta que el joven no resistió más.

Un general llegó al box y vió el cuerpo: -Abra la mano- Dijo al torturador, este lo hizo, y cuando los dedos estaban extendidos, ambos retrocedieron, sorprendidos: En la palma de la mano del joven, la sangre se había coagulado escribiendo dos palabras: "¿ Por qué?".

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