sábado, 12 de mayo de 2012

Segunda carta a Lisandro

Tu boca me mira.
¿Qué puedo decirte que no sepas?
Está todo dicho y andamos en silencio
sabés que sos quien viene a borrar las sombras,
vestigios del pasado
y los alerces crecen en el camino.
Nunca te negaste
de hecho, aceptaste ese papel
como si yo fuera misericordiosa
¡Qué ironía! Si yo llegue
empapada por la lluvia
y me refugié en tus brazos.
Lo siento tanto, Lisandro,
si hay algo que lamentar...
Sabés bien que no te quiero a vos
sino a la idea de quererte,
de querer a alguien
porque no sé quererme a mi misma
y vos lo aceptás,
¿Qué se puede hacer
cuando no se sabe como luchar contra el enemigo?
Y así te quedás, en la mediocridad
¡Sabés cuánto le temo!
No soporto la idea de la inercia cotidiana.
Quizás aprenda a quererte
pero mientras no ganamos nada.
Andá, Lisandro, que esto no sirve para nada.
Andá, que te quedan noches de relato.
Andá, que acá no vas a ser feliz.
Algo te quiero y por eso te echo
No preparé valijas porque nunca las trajiste
entonces me voy yo.
Te beso, te sonrío desde la puerta
resisto ese impulso de quedarme en lo confortable
te digo "Hasta luego"
y ¡Clac!, la cierro en mi espalda...

1 comentario:

Milla dijo...

Muy bueno, pareciera una carta a Horacio Oliveira. Saludos