jueves, 19 de julio de 2012

Carta a un hombre que se sintió /cree fantasma

Quizás estemos muertos.
No digo ahora, en este tiempo de cafés y bombones,
sino en aquel muelle solitario.
Quizás por eso no pasaba el tiempo ni teniamos frío (Cuando estás muerto las horas te dan lo mismo, si total vas a estar así toda la eternidad)
Ahora no me asusta lo desconocido,
no sabe tan mal eso de no vivir.
Pero creo que es al revés.
La verdadera vida son pequeños instantes que alcanzamos de vez en cuando
el verdadero mundo es como lo vimos: Con la cabeza en los pies.
Este tiempo de cafés y bombones es en el que morimos,
esta vida cotidiana es una muerte pesada que arrastramos.
Solo esos pequeños momentos hacen que todo este hastío valga la pena.
Hablar con un fantasma. Dejarse caer. Inventar un mundo donde las cosas son al revés.
¡Eso es la vida! Ahí es cuando lo divino nos roza las pestañas y lo mundano nos hace cosquillitas en los dedos de los pies.
¿Y después qué? Volver a lo de siempre, ¿Qué se levaché?
No es que quiero quedarme con vos porque me salvas de lo mundano
sino porque me elevás a la vida (¡Estás más allá!)
Porque sé que podemos explotar esos momentos al máximo
(así como explotás mi cabeza en mil pedazos)
porque me mostrás que hay algo más.
Y a veces te muestro mi locura y te arrastro hacia ella.
¿Y qué? ¡Celebremos que estamos vivos!
¡Brindo porque te amo!
¡Brindo porque me llenas de vida!
te amo ahora y siempre porque vos sos vida.

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